Jorge Izquierdo Bustamante
Aguascalientes, Ags, 6 de agosto 2015.- (aguzados.com).- Recordando aquella famosa frase (¡Es la economía, estúpido!) de la campaña de Bill Clinton en 1992 contra George H. W .Bush (padre), es claro que de esta manera se le podría llamar la atención a la autoproclamada “clase política mexicana”, que en los últimos años, no ha sabido cómo comunicarse con la ciudadanía, y que lo mismo obedece a dos factores primordiales: por mucho tiempo no les interesó, ya que estaban sumidos en su soberbia; y ahora que quieren hacerlo no saben por dónde, ni cómo hacerlo.
Al menos los últimos procesos electorales y en especial el más reciente, los exhibió torpes, inútiles, desatinados, y verdaderamente estúpidos; y me hicieron recordar algo que Fernando Savater consignó en alguna ocasión, con respecto a los que a pesar de ver que los políticos son absolutamente denostados por el pueblo, aun así festejan su supuesto triunfo, que en realidad los debiera llevar a hacer una análisis muy profundo, para verse como son; Savater decía “… es el triunfo de los desmemoriados en la cuarta acepción del término en el diccionario de la Real Academia Española: Dícese de la persona que cae en la imbecilidad y pierde totalmente o en gran parte, la conciencia de sus propios actos. Hay formas de Alzheimer moral peores que el Alzheimer clínico y también otras corrupciones más allá de las bribonadas económicas”.
Para cualquiera que se acercó a ver el más reciente proceso electoral federal en este país que tuvo su jornada electoral (o de sufragio) el pasado 7 de junio, el hacerlo debió haberlo llevado cuando menos en algunas ocasiones a sentirse defraudado y timado de lo que hoy todavía algunos absurdos llaman democracia. El bochornoso espectáculo que tuvimos que sufrir las y los ciudadanos mexicanos tendría que haber movido nuestras conciencias y sentirnos avergonzados de todo lo que sucedió, y dentro de lo más ruin que aconteció hay dos joyas, que en cualquier democracia real, hubieran bastado para que la ciudadanía reprochara abiertamente este mal simulacro de democracia: el primero es el asqueroso papel de la franquicia mal llamada Partido Verde Ecologista de México, que no es partido, ni es verde, ni es ecologista, y que se significó por haber cometido todo tipo de actos que demeritaron todo el proceso electoral federal, y en segundo lugar, el ridículo trabajo de la supuesta autoridad electoral: el Instituto Nacional Electoral (INE antes IFE) que acabó de enterrar lo poco que le quedaba de credibilidad ante la ciudadanía (que ya no era mucha desde el 2006).
En cuanto al resto de los partidos políticos, quedan perfectamente definidos por César Cansino “Los partidos políticos ya no convencen a nadie, viven en el inmediatismo de las contiendas electorales, están divididos y desacreditados, se ahogan en batallas internas estériles y egoístas, no tienen alcance de miras, sólo persiguen sus intereses y no representan a nadie”. Que lamentable fue observarlos intentando hablarle a la ciudadanía, dando un trato irrespetuoso a la misma, ya que en sus “maravillosos spots” en radio y televisión, sólo se dedicaron a descalificarse unos a otros de la manera más soez posible, y con lo cual, demostraron lo que ya casi todos sabemos, si no son capaces de respetar a sus supuestas militancias, menos lo hacen con el pueblo en general.
En realidad que suena repetitivo, pero la realidad nos rebasa, que democracia tan pobre tenemos, con políticos que no tienen calidad moral, y que encima de todo esto, todavía se atreven a simular supuestos debates, en los cuales están ausentes las propuestas, y que quieren llenar sus participaciones de ocurrencias y animosidades, que lo único que tienen en común entre todas ellas es que son absurdas e irrealizables. Se les olvida que “la cualidad primigenia de un debatiente es la calidad moral” (Carlos M. Orozco Santillán).
Que ridículo es escuchar a candidatos que son un dechado de cinismo, y que se atreven a decir en los supuestos debates que ellos son “inmaculados”, cuando la gente les sabe de sus amantes y sus fechorías, o que se atreven a decir que ellos tienen una carrera limpia, cuando lo único que han hecho es reproducir los vicios y errores que en el pasado vieron en otros políticos a los cuales criticaron y denostaron, pero a los cuales han imitado y superado en sus malos comportamientos.
Con todo este decorado de lo que es hoy el escenario de falta de comunicación entre pseudo políticas y pseudo políticos con la ciudadanía mexicana, me atrevo a referir otro pensamiento de César Cansino, que define de la mejor manera lo que estamos viviendo. “Ciertamente el descrédito de la política es una enfermedad que cruza a casi todas las democracias, incluso a las más consolidadas, pero es particularmente preocupante para un país como el nuestro que apenas está aprendiendo a vivir en democracia, pues nacer con ese estigma lo deja a merced de tentaciones y regresiones autoritarias que no conviene a nadie”.
Al final, los siguientes procesos electorales serán una copia de los anteriores, con una clase política que no sabe cómo hablar con la ciudadanía, y la misma, demostrándole a sus políticas y políticos, el hartazgo que tiene de ellas y ellos.
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